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8 de enero de 2010

Frank McCourt

En una entrada que hice a este blog en Junio de 2009, comenté lo mucho que me gustó "Las cenizas de Ángela", de Frank McCourt. Posteriormente, conseguí la continuación, titulada "Lo es". Sin alcanzar el nivel y sentimiento de su primer libro, en "Lo es" nos narra su juventud en Nueva York, el comienzo de su carrera como profesor y su primer matrimonio, entre otras vivencias. Es en esta novela donde venimos a conocer la razón del título "Las cenizas de Ángela".
Estaba en el proceso de lectura de "Lo es", cuando por los diarios me enteré de la muerte de Frank McCourt, a los 78 años, de cáncer en la piel. Como lector, es muy raro que te suceda que muera el autor del libro que estás leyendo. Raro por la casualidad y por el sentimiento de tristeza que provoca.
Pese a que ya han transcurrido casi seis meses, vaya un sencillo homenaje a Frank McCourt, en recuerdo del escritor irlandés que supo recobrar su mirada de niño y nos regaló una obra breve, pero realmente entrañable.

1 de junio de 2009

Novela sincera y conmovedora.

En 1996 se dió el extraño fenómeno literario de un escritor que aparecía con un libro de memorias, sobre su infancia terrible y miserable, primero en los Estados Unidos de la depresión y luego en la miserable Irlanda, que todavía no se reponía de la hambruna de mediados del siglo XIX.
Se trata de "Las cenizas de Ángela", de Frank McCourt, conmovedora historia sobre las grandes miserias humanas. Asistimos conmovidos, enojados, frustrados, divertidos y entristecidos al relato de la infancia de Frank y sus padres, Ángela y Malachy, así como de sus hermanos pequeños (Frank es el mayor, nacido en 1930) Malachy, Michael y Alphonsus, incluído el relato de la muerte de sus hermanitos gemelos, Oliver y Harold, así como de la pequeña Margaret, quien fallece a solo unas semanas de nacida.
No se trata de una historia sensiblera, sino de la tierna visión de un niño (ahora que es un anciano) sobre la difícil infancia que vivió.
Es un libro muy recomendable. Casi diría yo que imprescindible.

20 de mayo de 2008

Cormac McCarthy

No sé qué tan acertado sea llegar a la obra de Cormac McCarthy a través de sus dos más recientes obras: "No country for old men" y "The road". Sin embargo, yo no puedo arrepentirme. Cormac es un escritor de primer nivel y su narrativa lo demuestra. Pese a los gazapos imperdonables que se notan en las traducciones, ambas obras son geniales. La primera, ahora famosa por ser la base de la película de los Coen que ganó el Oscar, está ambientada en la frontera México-USA en 1980. Llewelyn Moss, un cazador veterano de Vietnam, encuentra casualmente, en el medio del desierto, la sangrienta escena de una matanza entre narcos. Su olfato de sabueso lo lleva a intuir que en ese lugar hay algo más que cadáveres. No se equivoca: encuentra un maletin lleno con más de dos millones de dólares. Como la ocasión hace al ladrón, se apropia de dicho maletín y a partir de ahí se desata una sangrienta cacería, donde ahora Moss es la presa. El sheriff Ed Tom Bell (personaje que nos cuenta su vida a través de monólogos) quiere ponerlo a salvo del peligro. Una banda de narcos mexicanos que van tras lo que consideran suyo. Carson Wells, un exmilitar venido a sicario, contratado por un poderoso cártel para recuperar el dinero y... claro, Anton Chigurh, despiadado asesino que no deja testigos y con pistola de aire en mano elimina sin consideraciones a quien se cruza en su camino. Hay que prestar atención a las reflexiones que McCarthy pone en boca de Ed Tom Bell, pues ahí encontramos por qué el nombre de la novela, el desasosiego ante tanta violencia y una sociedad echada a perder. Es una novela excelente. La película guarda mucha fidelidad con el libro, pese a que algunos personajes no alcanzan el nivel que tienen en la novela.

Por su parte, "The road" o "La carretera" es, para mí, una de esas raras novelas que llegan a tu vida y te cimbran. Una trama desoladora: un padre, junto con su pequeño hijo, vagan por una carretera rumbo al sur de un territorio americano devastado por un apocalipsis que ha dejado todo en penumbra. Todo es frío, polvo, oscuridad, desolación. Paramos devastados, caminos arrasados, ciudades abandonadas. Los pocos habitantes que han sobrevivido se dividen en dos bandos: los caníbales y quienes huyen de ellos. No sabemos nunca por qué ha pasado todo esto. Solo somos testigos de la lucha de un padre por proteger a su hijo de quienes quieren, primero, quitarles lo poco que aún conservan, y luego devorarlos. Si el hipotético lector de estas breves reflexiones se siente invitado a leer esta novela, no lo dude. Es magnífica. Como creo que ya cité en algún lugar de este blog, cierto crítico dijo que todo lector se encuentra a lo largo de un año o dos cuando mucho 5 novelas que realmente lo cimbran, lo conmueven, lo cambian. "La carretera" es uno de ellos.